lunes, 18 de abril de 2016

Obsesión por estar guapos. El imparable interés del hombre por cuidar su imagen

A mediados del siglo pasado un miembro de la Cámara de los Comunes asombró al Parlamento y al pueblo de Gran Bretaña declarando que la nación inglesa gastaba una suma de dinero mucho más importante en lociones para el cabello que en la flota del país.

Con aquella afirmación indicaba de un modo muy gráfico el interés creciente que la gente siente por su propio cabello, tendencia que ha conquistado a hombres y mujeres de todo el planeta. Su intervención sólo fue el preludio de lo que estamos viviendo a día de hoy.

Sumergidos en un mundo donde cada vez se presta más atención al aspecto físico y a la imagen, el público masculino, hasta hace poco retraído de modas, se ha concienciado de la importancia que tiene su apariencia y busca algo más que un cuidado rápido después del afeitado o ir a la peluquería cada cierto tiempo. Recordando las palabras de Tomás de Aquino: "Quae visa place", es decir, todo lo que agrada a la vista es bello.

Hombres de negocios, empresarios, altos ejecutivos y, sobre todo, los jóvenes, quieren tener buen aspecto, sentirse lo mejor posible e impresionar con una imagen impecable. Sin perder un ápice su condición masculina, los varones se cuidan más, quieren gustar y gustarse, trabajan su piel y su cuerpo y miman su cabello para ofrecer un perfil atractivo y actual.


Estudios recientes destacan que las ventas de productos cosméticos masculinos han crecido un 76 por ciento en los últimos cinco años, una realidad incontestable a pesar de la crisis económica que estamos viviendo. Además de la comparativa del representante de la Cámara de los Comunes -realizada hace muchos años- la demanda de productos que combaten los signos de fatiga, estrés y edad ha aumentado, en parte, por la presencia habitual en medios de comunicación de celebridades prescriptoras que ha potenciado aún más esta tendencia. No extraña que los españoles reconozcan que pasan entre cinco y diez minutos diarios delante del espejo. ¿Se imaginan a algún político español exponiendo estos datos en el Parlamento? Hoy en día, nadie discute el poder de la imagen y la inversión que hacen los hombres en su cuidado personal. Como señalaba el profesor Carles Muñoz Espinalt: "nosotros no somos solamente lo que somos sino lo que aparentamos ser", una frase que incluí en mi último libro "Cómo triunfar en la era de la imagen. Claves psicoésteticas para el siglo XXI", en el que después de muchos meses de trabajo plasmé lo que es para mí la imagen en todos los aspectos de la vida.


Es cierto que aún persisten prejuicios heredados de un machismo trasnochado que ejercen de barrera en el consumo de cremas, geles, lociones y champús pero la evolución de la sociedad en su conjunto, cada vez más permisiva y abierta, ha provocado que los hombres rompan ataduras, se preocupen por su aspecto y busquen una imagen que les ayude a lograr el éxito personal y profesional. Hace tiempo que defiendo que el cambio cultural es un hecho. Ya no es raro escuchar a hombres hablando de su estética en reuniones con amigos o en la misma oficina. Atrás quedó el metrosexual hedonista que se puso de moda en la década de los noventa y principios de siglo.


Cada mañana nos levantamos con miles de cambios y cada días estos se producen con una mayor rapidez. Las rutinas y el conformismo son fórmulas del pasado. La innovación y la creatividad son ingredientes irrenunciables, como el dejar a un lado el pensamiento erróneo de creer que ya está todo inventado.

Al varón de hoy le gusta cuidarse y se ha alejado de tabúes. Por suerte, el uso de la cosmética masculina es un hábito y promete seguir creciendo, quizá supere al gasto del país en su flota, pero es que en el siglo XXI impera más la imagen personal que otra cosa.

(Artículo publicado en el periódico La Nueva España, 16.04.2016)





Ramiro Fernández Alonso
Psicoesteta




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miércoles, 30 de marzo de 2016

Mitos sobre la calvicie, desde Aristóteles hasta el siglo XXI



Hubo un poeta que escribió hace unos años: "el cabello de la mujer es su corona de gloria". No recuerdo su nombre ni el del título del libro donde leí aquella frase pero la he empleado cientos de veces cuando algún cliente consulta alarmado por remedios para frenar la caída del pelo y uno quiere quitarle hierro a su tragedia.



Para la inmensa mayoría de los mortales, perder el cabello es un drama personal. La imagen de un peine lleno de pelos asusta. Desde tiempos inmemoriales existen fórmulas milagrosas para remediar ese fenómeno pero jamás han funcionado. Sobre el pelo existen tantas preguntas como leyendas urbanas. Cuando alguien solicita información sobre el cabello se ve perdido en un inmenso laberinto de teorías contradictorias, frases aparentemente lógicas y afirmaciones de pretendida sabiduría alejadas de cualquier base científica.
La mayor parte de las creencias populares acerca del pelo tiene su origen comercial y sólo sirven para fines comerciales. Se calcula que cien millones de personas de todo el mundo pierden diariamente tal cantidad de cabello que están abocadas a la calvicie. Son un gran negocio al que le han echado el ojo cientos de 'expertos' y que han dado lugar a un saber popular que establece creencias acerca de casi todo.
Muchos gremios han contribuido a acentuar determinados mitos sobre el pelo. Sin ir más lejos, aún hoy existen barberos que defienden que afeitando el cabello este crece más robusto. Permítanme una comparación. Desde hace miles de años las ovejas son esquiladas con regularidad con el objetivo de proporcionar recursos a una industria en beneficio propio y de la sociedad en general y, sin embargo, continúan produciendo la misma cantidad de lana.
También determinados fabricantes de sombreros reconvertidos en especialistas del pelo atestiguan que la costumbre de ir con la cabeza descubierta es un crimen contra el cuero cabelludo porque los rayos actínicos del sol son los causantes de la calvicie.


Los 'especialistas' en curar el cabello se extravían todos los días a causa de semejantes superficialidades. Aristóteles, uno de los filósofos más notables de todos los tiempos y gran estudiante de ciencias naturales, examinó los dientes de su patrona y observó que eran veintiocho y no se le había caído ninguno. Luego contó los de varios varones en las mismas circunstancias y encontró treinta y dos. En vista de su hallazgo se apresuró a rubricar que las mujeres tenían cuatro muelas menos que los hombres, una afirmación que fue dada por válida durante varios siglos hasta que alguien se tomó un tiempo en hacer lo mismo y darse cuenta que a la patrona de Aristóteles le faltaban las muelas del juicio. Si el gran filósofo fue capaz de equivocarse en un asunto tan evidente, no podemos mostrarnos rigurosos -y menos aún, yo- con otras personas de menor talento intelectual.



A pesar de las múltiples teorías y milagros, puedo decir que en mis cincuenta y seis años de profesión jamás he visto crecer un pelo donde este había desaparecido y hoy por hoy únicamente técnicas como los implantes capilares son eficaces para evitar cabelleras limpias como pistas de patinaje.
La ciencia ha conseguido probar que el cabello es una extensión epitelial de la dermis. Al margen de teorías y fórmulas milagrosas hay verdades absolutas como la relación vital entre el individuo y su producción capilar y, alternativamente, una relación vital entre su cabello y su felicidad.






Ramiro Fernández Alonso
Psicoesteta





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jueves, 18 de febrero de 2016

50 años en la vida de Ramiro Fernández- Revista de la RFEF



Hablar de Ramiro Fernández es hablar de muchas cosas. Yo diría que, como primera de todas, de su
magnífica talla humana, de su bondad y de su generosidad. Para los que solo conocen de sus habilidades en el corte de cabello, corto o largo, transversal o no, como diría ahora algún político cursi, Ramiro es todo un virtuoso de la tijera, un cuidador sumamente esmerado del cabello, un ortodoxo de la estética. Los que han pasado por sus sillones saben que en su casa-museo ovetense no se trata únicamente de cortar y tirar sin esmero, sino que en ella hallarán cuidados extremos, apurar más por aquí para que quede mejor por allá. Un arte. Y a fe que no hay muchos en dicha práctica.
Ramiro Fernández, que ha extremado siempre sus atenciones a los jugadores de la selección española a los que lleva esculpiendo - término usado cuando yo era mozo y tenía un tupé a lo Elvis- el cabello durante décadas, se encuentra enzarzado ahora en la preparación del Museo de sus 50 años de vida, una obra plural fruto de su trabajo durante medio siglo, pero, también, de su búsqueda infatigable de la belleza. No hay en España peluquería que se acerque a las maravillas que Ramiro alberga en la suya, centro neurálgico de la vida ovetense, del Principado y de vecinos de otras tierras dentro y fuera, y en la que se mezclan esculturas y grabados de artistas consumados con utensilios recientes e históricos, combinado todo ello con ese gusto de Ramiro por lo guapo, que diría un asturiano.
El metal y la cerámica, el mármol y la pintura, todo rezuma ese gusto por el arte que un día le llevó a la concejalía de cultura de un Gobierno asturiano. Sin amontonar, sino estratégicamente situadas, un sillón de barbero de un petrolero que atracó en el Musel, un secador del 36, tijeras de las más diversas épocas, brochas de tacto suavísimo, hasta escupideras que se usaban para aliviar a los clientes, cuchillas, peines cortos, largos, semi cortos y semi largos, frascos con lociones refrescantes y de ás “artefactos” para su labor forman parte de ese mundo maravilloso al que se asoman los clientes de Ramiro, embebidos, seguro, de la convicción de que cortarse el pelo puede ser un placer, no un trámite obligado en la vida de cualquiera. Sentarse en sus sillones no es una delicia, es un feliz descanso que en tiempos tan agitados como los que vivimos refresca aún más que sus aromatizados productos post afeitado al mentol.
A Ramiro su mundo le parece el mejor de los mundos porque le ha permitido estar en un oficio que conoce a la perfección, que personalizada extremadamente y que plantea como mucho más que la mayoría de sus colegas, es decir, desde eso que tan pomposamente se llama trato personalizado sin llegar a serlo casi nunca. Ahí está la diferencia y en ello radica el éxito que ha alcanzado en su profesión. Entre sus clientes no ha sido raro, pues, encontrar no solo a decenas de futbolistas internacionales españoles, sino a personajes públicos de enorme calibre en todos los ámbitos. Bush y Gorbachov, entre ellos. Nada, en fin, que pueda sorprendernos.
Parte de sus 50 años de vida, entre ellos recuerdos futbolísticos, quedarán expuestos en el Museo en el que trabajaminuciosamente desde hace años y en el que se recogerá su vinculación profesional con el mundo de la selección española, del balón, en general, y de esta Casa, en particular, proyecto al que nos sumamos, tras haber pasado afortunadamente ya algunas veces por su ágiles manos, sus hábiles tijeras y sus mullidos sillones mientras corta y enseña, advierte a sus chicos, corrige a sus ayudantes y lo riega todo con ese tono inconfundible que le ha hecho un hombre sumamente bondadoso y generoso, y en un profesional de enorme calibre y enormemente respetado.

-Artículo de la Revista de la REAL FEDERACIÓN ESPAÑOLA DE FÚTBOL/ nº197-Enero 2016

http://cdn1.sefutbol.com/sites/default/files/pdf/revista/revista_197.pdf


jueves, 24 de diciembre de 2015

FELIZ NAVIDAD 2015!!




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martes, 17 de noviembre de 2015

"GUAJILOVIC" espejo de un crack



Nació en el verano de 1996 en Dubrovnik (Croacia), un país que acababa de salir de una guerra sangrienta. Se crió en una familia vinculada al fútbol -su padre Sedaj llegó a jugar en el Valladolid-, en una casa situada a penas unos metros del estadio del Dinamo de Zagreb. El Barcelona pagó 2,2 millones de euros por él en 2014. Así aterrizó en España Alen Halilovic en busca de minutos para lucir su prodigiosa zurda, su eléctrico regate y su imagen de vocalista de grupo pop para adolescentes, como recientemente definió a su flequillo a un periodista asturiano.


El pasado verano, con 19 años, llegó a Gijón con la etiqueta de gran promesa. Un regalo. La amistad entre Luis enrique, entrenador del Barcelona, y Abelardo, el míster de los "guajes", tuvo suficiente peso para convencer al entorno del menudo Alen (mide 1,70 y pesa 65 kilos), que posiblemente no supiera lo que significa el Sporting, quien era el "Pitu" y que ese club disputa sus partidos en El Molinón, el estadio más antiguo de España. De la Mareona, ni hablamos.
Si a los políticos se les conceden cien días para analizar su gestión, a Halilovic le han bastado nueve partidos para meterse en el bolsillo a los aficionados al fútbol, en general, y al sportinguismo, en particular. En Gijón ha encontrado el ecosistema ideal para hacer brillar todo su talento. Lleva dos goles, es ídolo local y todo apunta a que es únicamente el inicio de un largo camino. Era una promesa, es una realidad y será un grandísimo triunfador. "Es un chico especial", escuché a Abelardo refiriéndose a él. Si en el campo se ha adueñado del protagonismo, su imagen también destella. Esa melena rubia y larga contrasta con la línea del resto de sus compañeros, todos con el cabello muy corto, porque olvidan que cuando nace un ser humano pasa un caso insólito en la vida: no somos repetidos; cada cabeza requiere un corte y un peinado. Su pelo recuerda al del joven Johan Cruyff cunado llegó a la Ciudad Condal o al de Leo Messi cuando debutó en el Nou Camp. Tienen cosas en común.


"Guajilovic", como así le han bautizado la Mareona, está muy bien asesorado. No sólo en lo que respecta a su imagen, sino en todo lo que hace y dice. Ese continuo rascarse, especialmente la cabeza, denota que quiere encontrar esa idea perfecta para triunfar en cada partido. Dicen de Halilovic que le gusta pasear por Gijón acompañado por su novia. Nada de excentricidades. Lo suyo es el fútbol, la sencillez, la humildad y la cercanía.


Unos días antes de jugar su mejor partido en El Molinón (marcó el gol que supuso la victoria frente al Málaga y mandó dos remates al palo), un vídeo en el que se le veía escanciar una botella de sidrá se convirtió en viral. "Guajilovic" es el nuevo ídolo.
La celebración del gol el pasado domingo hizo revivir la figura de David Villa en la ería del Piles. Gol, carrera, brazo derecho en alto y mano izquierda abajo simulando un escanciado. Un culín imaginario de un futbolista mágico. En Gijón saben que tienen un diamante. Era un restallón, ya es una bala y será un gran cañonero.






Ramiro Fernández Alonso
Psicoesteta





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lunes, 19 de octubre de 2015

Ramiro tiene una "colección de oro"



El allerano recopila objetos de barbero y de peluquería desde hace casi 50 años, los mismos que lleva en el oficio y que quiere celebrar en 2016 con una exposición.

Ramiro Fernández, peluquero y psicoesteta, celebra el año que viene sus bodas de oro en ese negociado. El allerano lleva cincuenta años ocupándose de los asuntos capilares de una amplia clientela masculina, primero en Gijón y luego en Oviedo, y es tal su devoción por ese oficio que se extiende a su afición coleccionista. Mientras trabajaba y viajaba por el mundo, para participar en concursos internacionales o como jurado de algún certamen, fue recopilando instrumental de barbería y peluquería, 416 piezas entre las que hay peines y navajas, vacías, escupideras, sillones, perfumes y lociones y un sinfín de curiosidades que, a estas alturas, resultan de lo más exóticas. Una parte están a la vista, en su peluquería; la otra la guarda en un local en La Corredoria.
Ahora, para conmemorar su aniversario profesional, quiere compartirla con los ovetenses y la ha ofrecido a la Concejalía de Cultura.


El peluquero de la selección nacional de fútbol durante los últimos 24 años muestra con orgullo los dos antiguos esterilizadores, uno de ellos recuperado en  Francia y cuidadosamente labrados. Su colección empezó con un secador de 1936, que ahora cuelga de una de las paredes de su establecimiento rodeado de otros objetos, más secadores eléctricos y un buen número de vacías de barbero de metal y de cerámica. Por el suelo hay algunas escupideras y a la entrada de su  despacho ha colocado una de las piezas de las que se siente más orgulloso: un sillón de barbero de 1885 que consiguió en un petrolero que atracó en el Musel y que cambió a los marineros por dos sillones españoles. Hay vitrinas repletas de pulverizadores, recipientes para el champú, navajas -la más antigua data de 1905-, lociones y colonias, hay peines de hueso, liendreras delicadamente decoradas y rizadores de bigotes.


"Se suplica no escupir en el suelo", se lee en uno de los carteles rescatados por Ramiro Fernández. Junto a ellos están los "suabizadores" -el peluquero dice que se escribe así, con be- con los que se afilaban las cuchillas antes de pasarlas por el rostro de los clientes. Por las repisas están las lociones con las que los barberos completaban el trabajo, con nombres que hoy en día quizá resultaran difíciles de publicitar, como "Azufreveri", "Ronquina", "Abrótano macho" o, ya más reciente, ""Floïd". Los hombres más duros pasaban de lociones, cuenta, y pedían "agua y piedra". Pues en su colección también hay una piedra de las que se les pasaba por el rostro, para refrescar sin ofender su masculinidad.


Entre las rarezas que Ramiro Fernández guarda en su peluquería está una maleta de barbero, repleta de cepillos, peines, tijeras, maquinillas y un sinfín de recipientes en los que guardar los productos de peluquería. Cuenta que la consiguió en un anticuario de Madrid y dice que se rumoreaba que había
pertenecido al barbero de Franco, aunque él no lo puede asegurar.


Por el salón de Ramiro han pasado personalidades de la talla de Mijaíl Gorbachov, el presidente soviético de la Perestroika, que al peluquero le resultó  mucho más simpático que George Bush padre, también presidente hace años pero de Estados Unidos, que también se peinó en su establecimiento. De Nelson Mandela, otro de sus clientes, se declara admirador y menciona también entre sus clientes distinguidos al Nobel asturiano Severo Ochoa y a Adolfo Suárez, el presidente que condujo a España en su transición política.


Entre todos esos objetos, valiosos y raros, está la lampara con la que el padre de Ramiro Fernández bajaba a la mina. Él era el menor de siete hermanos y para asegurar su futuro la familia lo mandó a Balmaseda, a estudiar para cura con los claretianos. Pero no tenía vocación y uno de sus hermanos, que trabajaba en el Musel, se lo llevó a Gijón, donde aprendió el oficio. Empezó en la barbería "Jovellanos", que estaba en la plaza del 6 de agosto y regentaba Luis Álvarez Rancaño, y cuando empezó a hacer la mili, en Oviedo, se incorporó por las tardes a la peluquería "Isidro", que estaba en la calle Rosal.


Con unos ahorros y algo de ayuda familiar cogió un traspaso y echó a volar por sí solo. Con el tiempo, antes de establecerse en la calle Arquitecto Reguera, visitó las peluquerías europeas más importantes, buscando inspiración para montar su negocio. En Barcelona recibió formación en psicología directiva y psicoestética. Fue presidente de la Asociación de Peluqueros durante catorce años y asumió responsabilidades como la de tener a punto el pelo de los jugadores de la selección nacional de fútbol, una de sus otras aficiones. En eso de la psicoestética y el dominio de la imagen personal el allerano es toda una autoridad. A menudo cuenta que él fue el responsable del cambio de aspecto del presidente asturiano Pedro de Silva, al conseguir que actualizara su barba con el argumento de que "el político además de convencer tiene que seducir".


Con todo ese bagaje, con su historia personal y sus colecciones de peines, vacías, perfumadores, butacas y otros muchos utensilios de peluquería, Ramiro Fernández se propone celebrar sus cincuenta años en el oficio, compartiendo todo eso con los ovetenses.



Artículo de La Nueva España (18.10.2015) de Elena Fernández-Pello
Fotografías de LAURA CARADUJE


lunes, 24 de agosto de 2015

NO SERÁ LO MISMO SIN CASILLAS NI XAVI. El adiós a la Liga de dos abanderados del espíritu conciliador



Artículo publicado en La Nueva España, el 22 de agosto de 2015)
Este fin de semana arranca la Liga. En Asturias estamos de enhorabuena con la vuelta del Sporting a Primera División y el retorno del Real Oviedo al fútbol profesional. Ojalá sea una temporada fructífera y alcancen sus objetivos. Por empuje de sus excelentes aficiones el reto, que es mayúsculo, parece más fácil.
Sin embargo, con estas líneas no pretendo hablar de lo nuestro sino de dos amigos que daban lustre a la llamada Liga de las Estrellas. Me refiero a Íker Casillas y Xavi Hernández, los capitanes del Real Madrid y el Fútbol Club Barcelona.


Este inicio liguero viene marcado por su ausencia. Ambos han abandonado sus respectivos clubes de toda la vida en busca de nuevas metas y horizontes. Han pasado más de quince años desde que juntos lograron en Nigeria -allá por 1999- la Copa del Mundo Sub-20. Desde aquel verano sus trayectorias han sido paralelas. Han abanderado a los dos principales clubes de nuestro país agrandando su palmarés y han liderado a la Selección Española de Fútbol que asombró al planeta con su juego logrando una gesta jamás conseguida, la triple Corona, el título de campeona de Europa, el Mundial y de nuevo una Eurocopa de manera consecutiva. Ese triunfo colectivo les llevó a recoger en 2010 el Premio Príncipe de Asturias de los Deportes y dos años más tarde volvieron a ser distinguidos con el mismo y merecido reconocimiento pero, ésta vez, a título personal.


Tanto Íker Casillas como Xavi Hernández no sólo son dos magníficos futbolistas, posiblemente únicos, sino que son dos excelentes personas. Tengo la inmensa fortuna de conocerlos personalmente desde que debutaron con la selección nacional. He compartido con ellos infinidad de concentraciones, días de alegría y tristeza, y siempre han demostrado un saber estar y una educación exquisita, si me apuran, impropia de alguien tan joven y con tanto éxito a sus espaldas. Sus cualidades deportivas son conocidas por todos los aficionados al fútbol y son ídolos de decenas de miles de personas. Quizá esa
cifra sería aún mayor si hubieran tenido la oportunidad de saber que han sido y son dos chicos humildes, sencillos y cercanos. Ambos han conseguido los títulos más importantes tanto con sus respectivos clubes como con la Selección Española acompañados siempre por los valores más nobles del deporte y defendiendo el juego limpio como punto de partida en cualquier competición. De trato agradable y detallistas, Íker Casillas y Xavi Hernández han abanderado una actitud conciliadora tanto dentro como fuera del campo. Han ejercido con pulcritud la labor de capitán de dos enormes instituciones y han representado al país con una elegancia admirable que ojalá haya servido de ejemplo y escuela para sus sucesores. Su imagen debe ser espejo para los más jóvenes, esos que idolatran a los deportistas que acaparan portadas de periódicos y son protagonistas de anuncios de las principales marcas comerciales.


Este fin de semana vuelve a rodar el balón pero ya no tendremos la oportunidad de ver domingo tras domingo a Íker Casillas y a Xavi Hernández. Ya no disfrutaremos de las paradas mágicas del primero ni de los pases imposibles del segundo; ni tampoco de sus acertados comentarios en las previas y post
partidos. Arranca la Liga de las Estrellas pero lo hace con menos brillo.






Ramiro Fernández Alonso
Psicoesteta





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