miércoles, 31 de agosto de 2016

Ronaldo, Griezmann y Bale, el brillo de tres estilos




Cristiano Ronaldo fue coronado hace unos días como el mejor jugador de la UEFA de la temporada 2015-2016 por delante de su compañero de equipo Gareth Bale y del francés Antoine Griezmann. Es la segunda vez que el portugués se alza con este galardón, que empezó a concederse en el año 2011. La gala tuvo lugar en el Foro Grimaldi de Mónaco, un acto más social que deportivo y en el que no faltaron la alfombra roja ni los flashes de los fotógrafos que inmortalizaron el estilo de las tres principales figuras del año futbolístico. En Mónaco no corre el balón, pero sí los cotilleos. Sin olvidar aquel traje de lunares que escogió Messi para recoger el "Balón de Oro", este año si alguien acaparó la atención fue Griezmann por lucir unas zapatillas brillantes y un pantalón pitillo de corte pescador.


Cristiano Ronaldo. "Ha sido la mejor temporada de mi carrera", reconoció el propio jugador del Real Madrid. No es para menos, ganó la Champions con su club marcando el penalti decisivo de la final y siendo el máximo anotador del torneo, y lideró a la selección de Portugal, que se alzó por primera vez en su historia con la Eurocopa. En Mónaco fue coronado como mejor futbolista de la UEFA de la pasada temporada y el portugués volvió a demostrar que sigue siendo un rey del estilismo. Traje de caballero impecable, corbata sobria y elegante, brillantes en ambos lóbulos y ese cuidado peinado, rasurado por los parietales y de punta en la parte central de la cabellera. Sin duda, un adonis del siglo XXI a quien imitan e idolatran millones de jóvenes de todo el mundo.


Antoine Griezmann. En lo deportivo le faltó la guinda para redondear una temporada de ensueño que le ha catapultado a ser considerado uno de los delanteros "top" del Viejo Continente. Disputó la final de la Champions con su club, el Atlético de Madrid, y la final de la Eurocopa con su selección, Francia. En la elección a mejor jugador de la UEFA 2016 también quedó relegado a la segunda posición, pero si en algo fue el número uno en la gala de Mónaco fue en estilo. El francés lució un traje de pantalón pesquero y unas zapatillas deportivas de la marca Gucci de purpurina con tribanda y tachuelas. A pesar de que a muchos no les gustó, Griezmann volvió a acertar: sobrio, joven, moderno y actual. Es la nueva imagen del fútbol francés y a nadie se le escapa que París es una de las cunas de la moda. Griezmann se abre a los nuevos cánones que han relegado al vestir clásico y que combina a la perfección con ese peinado sencillo de raya a un lado poco marcada y ese bigote de dos días tan típico de nuestros vecinos.


Gareth Bale. Quizás haya sido el año de su reencarnación futbolística. Cuestionado por algunos desde su llegada al Real Madrid, el galés ha vuelto a ser el jugador importante que deslumbró en su etapa en los "Spurs" de Londres. Prueba de ello es que se ha subido al podio de los tres mejores jugadores de la UEFA 2016. Bale llegó a Mónaco luciendo un traje clásico y como complementos su inseparable reloj y un pisacorbatas, un artículo elegante que está cayendo en desuso entre los jóvenes. Al galés le gusta cuidar su estilo. Hace años, concretamente en 2012, llegó a recurrir a la otoplastia para corregir sus orejas de soplillo. A partir de aquella fecha ha cambiado de peinado en numerosas ocasiones, pero desde hace dos temporadas se ha sumado a la nueva tendencia en el cabello del hombre: el moño. Este estilo ha calado de tal manera entre los caballeros que en Estados Unidos lo han bautizado como "mun", un término que combina las palabras "man" (en inglés, hombre) y "bun" (moño). Si bien es cierto que los rasgos faciales de Bale no son los más afortunados, lo compensa con un pelo cuidado que denota madurez y modernidad y acapara la atención de quienes fijan la mirada en su rostro.


Artículo aparecido en el periódico La Nueva España el 29.08.2016






Ramiro Fernández Alonso
Psicoesteta






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martes, 12 de julio de 2016

Cuando dar las gracias es insuficiente




Alguien dijo que mientras el río corra, los árboles proyecten sombra y en el cielo brillen estrellas, debe durar la memoria del beneficio recibido en la mente del hombre agradecido. Nunca llega uno a imaginar la cantidad de personas que le rodean, apoyan, animan y acompañan aunque salte a la vista en el día a día que no son pocas. El pasado 26 de junio se echó la persiana a la exposición "La barbería. Historia de un oficio" con la que se conmemoran mis cincuenta años establecido en Oviedo.


Detrás de esta muestra hubo muchas horas de trabajo, esfuerzo y dedicación, pero viendo los resultados de asistencia a la sala de Trascorrales y los comentarios recibidos está claro que merecieron la pena. El camino no fue fácil pero la experiencia ganada es invaluable. Con estas líneas quiero expresar mi más profundo agradecimiento a todos los que pasaron a visitar la exposición durante los veinticuatro días en los que estuvo abierta al público. Es tremendamente gratificante saber que el contenido de la muestra llamó la atención de tantas y tantas personas.

Mención especial merece el Ayuntamiento de Oviedo por brindarnos la oportunidad de montarla en la sala de Trascorrales, sin lugar a dudas, un lugar único de la ciudad. También el personal que incansablemente se ocupó de velar con mimo por el correcto funcionamiento de todo. Si la exposición ha sido un éxito se debe, en gran medida, a ellos.

Entre "bambalinas", antes y durante, siempre han estado Luis Antonio Suárez, el director artístico de la exposición, y el diseñador gráfico Marco Morán. Ambos supieron entender como nadie la idea que tenía en la cabeza y lograron plasmarla con acierto pleno en las diferentes áreas que componían el proyecto.

Nunca puedo dejar de citar a mi excelente equipo de colaboradores. Son el mejor trampolín que me impulsa a mirar hacia adelante y embarcarme en aventuras como esta y el mejor respaldo que me permite actuar sin miedo a caerme. Tampoco a mis compañeros de profesión, esos que arañaron parte de su valioso tiempo para visitar la exposición y conocer de primera mano lo que durante tantos meses les había desvelado que quería hacer para seguir dignificando nuestro maravilloso oficio.



Confío y espero que cuantos pasaron por la antigua plaza del pescado hayan aprendido algo nuevo y se hayan llevado un recuerdo agradable. En mi caso, la emoción de escuchar y leer felicitaciones quedará grabada para siempre en mi memoria. Esos reconocimientos me honran tanto en lo personal como en lo profesional. Un simple gracias es insuficiente para agradecer sincera y completamente las muestras de cariño recibidas. Nunca alcanza uno la veteranía necesaria para saber controlar emociones y encontrar las palabras precisas a pesar de que lleve más de medio siglo trabajando en la búsqueda de la belleza.

Periódico La Nueva España - Cartas de los lectores -






Ramiro Fernández Alonso
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lunes, 18 de abril de 2016

Obsesión por estar guapos. El imparable interés del hombre por cuidar su imagen

A mediados del siglo pasado un miembro de la Cámara de los Comunes asombró al Parlamento y al pueblo de Gran Bretaña declarando que la nación inglesa gastaba una suma de dinero mucho más importante en lociones para el cabello que en la flota del país.

Con aquella afirmación indicaba de un modo muy gráfico el interés creciente que la gente siente por su propio cabello, tendencia que ha conquistado a hombres y mujeres de todo el planeta. Su intervención sólo fue el preludio de lo que estamos viviendo a día de hoy.

Sumergidos en un mundo donde cada vez se presta más atención al aspecto físico y a la imagen, el público masculino, hasta hace poco retraído de modas, se ha concienciado de la importancia que tiene su apariencia y busca algo más que un cuidado rápido después del afeitado o ir a la peluquería cada cierto tiempo. Recordando las palabras de Tomás de Aquino: "Quae visa place", es decir, todo lo que agrada a la vista es bello.

Hombres de negocios, empresarios, altos ejecutivos y, sobre todo, los jóvenes, quieren tener buen aspecto, sentirse lo mejor posible e impresionar con una imagen impecable. Sin perder un ápice su condición masculina, los varones se cuidan más, quieren gustar y gustarse, trabajan su piel y su cuerpo y miman su cabello para ofrecer un perfil atractivo y actual.


Estudios recientes destacan que las ventas de productos cosméticos masculinos han crecido un 76 por ciento en los últimos cinco años, una realidad incontestable a pesar de la crisis económica que estamos viviendo. Además de la comparativa del representante de la Cámara de los Comunes -realizada hace muchos años- la demanda de productos que combaten los signos de fatiga, estrés y edad ha aumentado, en parte, por la presencia habitual en medios de comunicación de celebridades prescriptoras que ha potenciado aún más esta tendencia. No extraña que los españoles reconozcan que pasan entre cinco y diez minutos diarios delante del espejo. ¿Se imaginan a algún político español exponiendo estos datos en el Parlamento? Hoy en día, nadie discute el poder de la imagen y la inversión que hacen los hombres en su cuidado personal. Como señalaba el profesor Carles Muñoz Espinalt: "nosotros no somos solamente lo que somos sino lo que aparentamos ser", una frase que incluí en mi último libro "Cómo triunfar en la era de la imagen. Claves psicoésteticas para el siglo XXI", en el que después de muchos meses de trabajo plasmé lo que es para mí la imagen en todos los aspectos de la vida.


Es cierto que aún persisten prejuicios heredados de un machismo trasnochado que ejercen de barrera en el consumo de cremas, geles, lociones y champús pero la evolución de la sociedad en su conjunto, cada vez más permisiva y abierta, ha provocado que los hombres rompan ataduras, se preocupen por su aspecto y busquen una imagen que les ayude a lograr el éxito personal y profesional. Hace tiempo que defiendo que el cambio cultural es un hecho. Ya no es raro escuchar a hombres hablando de su estética en reuniones con amigos o en la misma oficina. Atrás quedó el metrosexual hedonista que se puso de moda en la década de los noventa y principios de siglo.


Cada mañana nos levantamos con miles de cambios y cada días estos se producen con una mayor rapidez. Las rutinas y el conformismo son fórmulas del pasado. La innovación y la creatividad son ingredientes irrenunciables, como el dejar a un lado el pensamiento erróneo de creer que ya está todo inventado.

Al varón de hoy le gusta cuidarse y se ha alejado de tabúes. Por suerte, el uso de la cosmética masculina es un hábito y promete seguir creciendo, quizá supere al gasto del país en su flota, pero es que en el siglo XXI impera más la imagen personal que otra cosa.

(Artículo publicado en el periódico La Nueva España, 16.04.2016)





Ramiro Fernández Alonso
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miércoles, 30 de marzo de 2016

Mitos sobre la calvicie, desde Aristóteles hasta el siglo XXI



Hubo un poeta que escribió hace unos años: "el cabello de la mujer es su corona de gloria". No recuerdo su nombre ni el del título del libro donde leí aquella frase pero la he empleado cientos de veces cuando algún cliente consulta alarmado por remedios para frenar la caída del pelo y uno quiere quitarle hierro a su tragedia.



Para la inmensa mayoría de los mortales, perder el cabello es un drama personal. La imagen de un peine lleno de pelos asusta. Desde tiempos inmemoriales existen fórmulas milagrosas para remediar ese fenómeno pero jamás han funcionado. Sobre el pelo existen tantas preguntas como leyendas urbanas. Cuando alguien solicita información sobre el cabello se ve perdido en un inmenso laberinto de teorías contradictorias, frases aparentemente lógicas y afirmaciones de pretendida sabiduría alejadas de cualquier base científica.
La mayor parte de las creencias populares acerca del pelo tiene su origen comercial y sólo sirven para fines comerciales. Se calcula que cien millones de personas de todo el mundo pierden diariamente tal cantidad de cabello que están abocadas a la calvicie. Son un gran negocio al que le han echado el ojo cientos de 'expertos' y que han dado lugar a un saber popular que establece creencias acerca de casi todo.
Muchos gremios han contribuido a acentuar determinados mitos sobre el pelo. Sin ir más lejos, aún hoy existen barberos que defienden que afeitando el cabello este crece más robusto. Permítanme una comparación. Desde hace miles de años las ovejas son esquiladas con regularidad con el objetivo de proporcionar recursos a una industria en beneficio propio y de la sociedad en general y, sin embargo, continúan produciendo la misma cantidad de lana.
También determinados fabricantes de sombreros reconvertidos en especialistas del pelo atestiguan que la costumbre de ir con la cabeza descubierta es un crimen contra el cuero cabelludo porque los rayos actínicos del sol son los causantes de la calvicie.


Los 'especialistas' en curar el cabello se extravían todos los días a causa de semejantes superficialidades. Aristóteles, uno de los filósofos más notables de todos los tiempos y gran estudiante de ciencias naturales, examinó los dientes de su patrona y observó que eran veintiocho y no se le había caído ninguno. Luego contó los de varios varones en las mismas circunstancias y encontró treinta y dos. En vista de su hallazgo se apresuró a rubricar que las mujeres tenían cuatro muelas menos que los hombres, una afirmación que fue dada por válida durante varios siglos hasta que alguien se tomó un tiempo en hacer lo mismo y darse cuenta que a la patrona de Aristóteles le faltaban las muelas del juicio. Si el gran filósofo fue capaz de equivocarse en un asunto tan evidente, no podemos mostrarnos rigurosos -y menos aún, yo- con otras personas de menor talento intelectual.



A pesar de las múltiples teorías y milagros, puedo decir que en mis cincuenta y seis años de profesión jamás he visto crecer un pelo donde este había desaparecido y hoy por hoy únicamente técnicas como los implantes capilares son eficaces para evitar cabelleras limpias como pistas de patinaje.
La ciencia ha conseguido probar que el cabello es una extensión epitelial de la dermis. Al margen de teorías y fórmulas milagrosas hay verdades absolutas como la relación vital entre el individuo y su producción capilar y, alternativamente, una relación vital entre su cabello y su felicidad.






Ramiro Fernández Alonso
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jueves, 18 de febrero de 2016

50 años en la vida de Ramiro Fernández- Revista de la RFEF



Hablar de Ramiro Fernández es hablar de muchas cosas. Yo diría que, como primera de todas, de su
magnífica talla humana, de su bondad y de su generosidad. Para los que solo conocen de sus habilidades en el corte de cabello, corto o largo, transversal o no, como diría ahora algún político cursi, Ramiro es todo un virtuoso de la tijera, un cuidador sumamente esmerado del cabello, un ortodoxo de la estética. Los que han pasado por sus sillones saben que en su casa-museo ovetense no se trata únicamente de cortar y tirar sin esmero, sino que en ella hallarán cuidados extremos, apurar más por aquí para que quede mejor por allá. Un arte. Y a fe que no hay muchos en dicha práctica.
Ramiro Fernández, que ha extremado siempre sus atenciones a los jugadores de la selección española a los que lleva esculpiendo - término usado cuando yo era mozo y tenía un tupé a lo Elvis- el cabello durante décadas, se encuentra enzarzado ahora en la preparación del Museo de sus 50 años de vida, una obra plural fruto de su trabajo durante medio siglo, pero, también, de su búsqueda infatigable de la belleza. No hay en España peluquería que se acerque a las maravillas que Ramiro alberga en la suya, centro neurálgico de la vida ovetense, del Principado y de vecinos de otras tierras dentro y fuera, y en la que se mezclan esculturas y grabados de artistas consumados con utensilios recientes e históricos, combinado todo ello con ese gusto de Ramiro por lo guapo, que diría un asturiano.
El metal y la cerámica, el mármol y la pintura, todo rezuma ese gusto por el arte que un día le llevó a la concejalía de cultura de un Gobierno asturiano. Sin amontonar, sino estratégicamente situadas, un sillón de barbero de un petrolero que atracó en el Musel, un secador del 36, tijeras de las más diversas épocas, brochas de tacto suavísimo, hasta escupideras que se usaban para aliviar a los clientes, cuchillas, peines cortos, largos, semi cortos y semi largos, frascos con lociones refrescantes y de ás “artefactos” para su labor forman parte de ese mundo maravilloso al que se asoman los clientes de Ramiro, embebidos, seguro, de la convicción de que cortarse el pelo puede ser un placer, no un trámite obligado en la vida de cualquiera. Sentarse en sus sillones no es una delicia, es un feliz descanso que en tiempos tan agitados como los que vivimos refresca aún más que sus aromatizados productos post afeitado al mentol.
A Ramiro su mundo le parece el mejor de los mundos porque le ha permitido estar en un oficio que conoce a la perfección, que personalizada extremadamente y que plantea como mucho más que la mayoría de sus colegas, es decir, desde eso que tan pomposamente se llama trato personalizado sin llegar a serlo casi nunca. Ahí está la diferencia y en ello radica el éxito que ha alcanzado en su profesión. Entre sus clientes no ha sido raro, pues, encontrar no solo a decenas de futbolistas internacionales españoles, sino a personajes públicos de enorme calibre en todos los ámbitos. Bush y Gorbachov, entre ellos. Nada, en fin, que pueda sorprendernos.
Parte de sus 50 años de vida, entre ellos recuerdos futbolísticos, quedarán expuestos en el Museo en el que trabajaminuciosamente desde hace años y en el que se recogerá su vinculación profesional con el mundo de la selección española, del balón, en general, y de esta Casa, en particular, proyecto al que nos sumamos, tras haber pasado afortunadamente ya algunas veces por su ágiles manos, sus hábiles tijeras y sus mullidos sillones mientras corta y enseña, advierte a sus chicos, corrige a sus ayudantes y lo riega todo con ese tono inconfundible que le ha hecho un hombre sumamente bondadoso y generoso, y en un profesional de enorme calibre y enormemente respetado.

-Artículo de la Revista de la REAL FEDERACIÓN ESPAÑOLA DE FÚTBOL/ nº197-Enero 2016

http://cdn1.sefutbol.com/sites/default/files/pdf/revista/revista_197.pdf


jueves, 24 de diciembre de 2015

FELIZ NAVIDAD 2015!!




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martes, 17 de noviembre de 2015

"GUAJILOVIC" espejo de un crack



Nació en el verano de 1996 en Dubrovnik (Croacia), un país que acababa de salir de una guerra sangrienta. Se crió en una familia vinculada al fútbol -su padre Sedaj llegó a jugar en el Valladolid-, en una casa situada a penas unos metros del estadio del Dinamo de Zagreb. El Barcelona pagó 2,2 millones de euros por él en 2014. Así aterrizó en España Alen Halilovic en busca de minutos para lucir su prodigiosa zurda, su eléctrico regate y su imagen de vocalista de grupo pop para adolescentes, como recientemente definió a su flequillo a un periodista asturiano.


El pasado verano, con 19 años, llegó a Gijón con la etiqueta de gran promesa. Un regalo. La amistad entre Luis enrique, entrenador del Barcelona, y Abelardo, el míster de los "guajes", tuvo suficiente peso para convencer al entorno del menudo Alen (mide 1,70 y pesa 65 kilos), que posiblemente no supiera lo que significa el Sporting, quien era el "Pitu" y que ese club disputa sus partidos en El Molinón, el estadio más antiguo de España. De la Mareona, ni hablamos.
Si a los políticos se les conceden cien días para analizar su gestión, a Halilovic le han bastado nueve partidos para meterse en el bolsillo a los aficionados al fútbol, en general, y al sportinguismo, en particular. En Gijón ha encontrado el ecosistema ideal para hacer brillar todo su talento. Lleva dos goles, es ídolo local y todo apunta a que es únicamente el inicio de un largo camino. Era una promesa, es una realidad y será un grandísimo triunfador. "Es un chico especial", escuché a Abelardo refiriéndose a él. Si en el campo se ha adueñado del protagonismo, su imagen también destella. Esa melena rubia y larga contrasta con la línea del resto de sus compañeros, todos con el cabello muy corto, porque olvidan que cuando nace un ser humano pasa un caso insólito en la vida: no somos repetidos; cada cabeza requiere un corte y un peinado. Su pelo recuerda al del joven Johan Cruyff cunado llegó a la Ciudad Condal o al de Leo Messi cuando debutó en el Nou Camp. Tienen cosas en común.


"Guajilovic", como así le han bautizado la Mareona, está muy bien asesorado. No sólo en lo que respecta a su imagen, sino en todo lo que hace y dice. Ese continuo rascarse, especialmente la cabeza, denota que quiere encontrar esa idea perfecta para triunfar en cada partido. Dicen de Halilovic que le gusta pasear por Gijón acompañado por su novia. Nada de excentricidades. Lo suyo es el fútbol, la sencillez, la humildad y la cercanía.


Unos días antes de jugar su mejor partido en El Molinón (marcó el gol que supuso la victoria frente al Málaga y mandó dos remates al palo), un vídeo en el que se le veía escanciar una botella de sidrá se convirtió en viral. "Guajilovic" es el nuevo ídolo.
La celebración del gol el pasado domingo hizo revivir la figura de David Villa en la ería del Piles. Gol, carrera, brazo derecho en alto y mano izquierda abajo simulando un escanciado. Un culín imaginario de un futbolista mágico. En Gijón saben que tienen un diamante. Era un restallón, ya es una bala y será un gran cañonero.






Ramiro Fernández Alonso
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