miércoles, 22 de noviembre de 2017

La industria de la cosmética masculina acaricia el mejor momento de su historia



Cremas para el hombre. Uno de cada dos españoles se aplica tratamientos de higiene facial
Basta hacer un repaso a las cifras para atestiguar que hombres de negocios, empresarios, altos ejecutivos y, sobre todo, los jóvenes, cada vez se preocupan más por su imagen. En 1990 sólo 4 de cada 100 españoles reconocía usar productos de belleza facial. En 2001, uno de cada cinco afirmaba que empleaba alguna de las cremas que ofrece el mercado adaptadas a diferentes tipos de piel y problemas cutáneos. Hoy, veinticinco años después, uno de cada dos hombres en España asegura que se aplica algún tratamiento de higiene facial.

Entre enero y junio de 2017, el mercado masculino de la cosmética selectiva, es decir, productos de marcas de lujo, generó en España más de 10 millones de euros de beneficio. La agencia de estudios de mercado "The NPD Group", calcula que en el primer semestre de este año cada español se gastó una media de 36 euros en productos para el cuidado facial.



Estos números demuestran que la industria de la cosmética masculina está viviendo su particular época dorada y no estamos hablando de una tendencia que se registre únicamente en nuestro país. Cada minuto se venden en todo el mundo cuatro frascos de la crema para hombres más popular de la un de las firmas cosméticas más conocidas. El público masculino se preocupa cada vez más por su imagen.

Curiosamente el afeitado, el principal nicho del grooming, el término anglosajón que engloba el cuidado de la piel y el cabello masculino, es el único que ha registrado un descenso de ventas del 2,9 por ciento en España en el último año "seguramente motivado por la actual moda hipster y, con ella, el hábito de dejarse barba", señalan desde la Asociación Nacional de Perfumerías y Cosmética (Stanpa) para justificar ese retroceso.


La demanda de productos que combaten los signos de fatiga y estrés en la piel o que potencian los nutrientes del cabello empezó a gestarse a mediados del siglo pasado. Entonces un miembro de la Cámara de los Comunes asombró al Parlamento y al pueblo británico al afirmar que los ingleses gastaban una suma de dinero mucho más importante en lociones para el cabello que en la flota del país. Más cercano en el tiempo, concretamente, este verano, saltaba a los titulares de medio mundo la factura de 26.000 euros en maquillaje que había desembolsado el Eliseo para atender a Emmanuel Macron, el presidente de la república francesa.

Hoy en día nadie discute el poder de la imagen y la inversión que hacen los hombres en su cuidado personal. Como señalaba el profesor Carles Muñoz Espinalt: "Nosotros no somos solamente lo que somos, sino lo que aparentamos ser". Por fortuna, poco a poco nos hemos ido soltando de unos prejuicios heredados de un machismo trasnochado que ejercía de barrera en el consumo de cremas, geles, ceras, lociones y champús aunque el sector reconoce que los hombres siguen prefiriendo no dar la cara a la hora de adquirir los productos y optan por el anonimato en la consulta y la compra por Internet. "Somos tímidos pero coquetos", remarca Miguel de Santos, editor de la web especializada en belleza masculina "El Hedonista".


Recordando las palabras de Tomás de Aquino: "Pulchra sunt quae visa placent", es decir, bellas son las cosas que agradan a la vista, a nadie se le escapa que vivimos sumergidos en un mundo que cada vez presta más atención al aspecto físico y a la imagen. En pleno siglo XXI se impone la innovación y la creatividad, y el público masculino, hasta hace poco retraído de modas, se ha concienciado de la importancia que tiene su apariencia que va más allá de un cuidado rápido después del afeitado porque sabemos que quien cuida su imagen personal demuestra creer en sí mismo.















Ramiro Fernández Alonso
Psicoesteta

PELUQUERÍA PSICOESTÉTICA RAMIRO
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jueves, 19 de octubre de 2017

Asturias y su ventana al mundo. La fuerza que los premios "Princesa" imprimen a toda la región

Columna " La tijera", periódico La Nueva España 19.10.2017


Hace más de tres décadas, con mi buen amigo Pedro de Silva al frente del Gobierno del Principado de Asturias, nació la marca 'Asturias Paraíso Natural' acompañada de un logotipo diseñado por el catalán Arcadi Moradell Bosch. El lema se ha convertido en seña de identidad de la región; la imagen, una ventana inspirada en la triple arquería de Santa María del Naranco, icono del prerrománico asturiano, y de fondo el mar, la playa, el monte, las brañas, los lagos, la montaña y el sol, se mantiene intacta como símbolo turístico de una tierra que sigue presumiendo de ese paraíso que estos días sufre la barbarie de unos incendios que desgraciadamente han eclipsado la actualidad.



La ventana, abierta a Asturias, atrapa y hace participar de manera activa a cualquier espectador compartiendo con él parte de la magia de esta tierra, reseña en su página web la Asociación Profesional de Informadores Turísticos de Asturias. A través de ese mirador hemos contemplado cómo el sector de la hostelería se ha afanado en prestigiar la gastronomía regional, un pilar del desarrollo económico de esta tierra de gente trabajadora y amante de sus raíces, también hemos visto proliferar negocios hoteleros, con una decidida apuesta por poner en valor las zonas rurales, y la oferta cultural se ha multiplicado con espacios museísticos que contribuyen a difundir nuestra historia, costumbres y tradiciones.



Asturias ha conseguido un hueco destacado en el mapa turístico internacional dentro de la llamada 'España Verde' gracias al tesón de sus ciudadanos, posiblemente los mejores embajadores de su tierra, esos a quienes en una reciente campaña promocional se les animaba a convertirse en "guardianes del paraíso".


Cada otoño por estas mismas fechas, el Principado da la bienvenida a los galardonados con los Premios Princesa de Asturias. En esta edición veremos desfilar entre muestras de admiración y agradecimiento a William Kentridge, Premio Princesa de Asturias de las Artes, a Les Luthiers, Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades, a Karen Armstrong, Premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales, a Adam Zagajewski, Premio Princesa de Asturias de las Letras, y Rainer Weiss, Kip S. Thorne, Barry C. Barish y la colaboración científica Ligo, Premio Princesa de Asturias de Investigación Científica y Técnica, a representantes de la Unión Europea, Premio Princesa de Asturias de la Concordia, a la Hispanic Society of America, Premio Princesa de Cooperación Internacional y a los All Blacks, Premio Princesa de Asturias de los Deportes.


La tradicional ceremonia de entrega volverá a tener al Teatro Campoamor de Oviedo como escenario privilegiado de una jornada en la que los flashes de las cámaras de fotos iluminarán esa ventana del paraíso natural, presidida por Sus Majestades los Reyes de España, para trasladar a todo el planeta las bondades de unas personas y entidades que con su esfuerzo, constancia y dedicación han contribuido a construir un mundo mejor. Quizás sea el único día del año donde el paraíso natural se viste de letras, esas que conforman el contenido de unos discursos cargados de sentimiento, con perlas reivindicativas y anhelos de prosperidad. Una jornada en la que la banda sonora la entonan los sones de la Real Banda de Gaitas Ciudad de Oviedo y en la que la capital viste sus mejores galas para homenajear a unos galardonados que por méritos propios ya han pasado a formar parte de nuestra historia y a integrarse en esa silueta inconfundible que es la ventana al paraíso. Bienvenidos a vuestra casa.














Ramiro Fernández Alonso
Psicoesteta


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Las tradiciones en el deporte, un legado a preservar. Sobre la "haka" de los All Blacks

Columna " La tijera", periódico La Nueva España 13.10.2017


Los seres humanos creamos cultura. Nuestra forma de pensar, de sentir y de actuar, la lengua que hablamos, nuestras creencias, la comida y el arte, son algunas expresiones de nuestra cultura. Este conjunto de saberes y experiencias se transmite de generación en generación por diferentes medios. Los niños aprenden de los adultos y los adultos de los ancianos. Aprendemos lo que oímos y leemos, lo que vemos y experimentamos. Así se heredan las tradiciones.


El mundo del deporte no es ajeno a esta transmisión de costumbres. A pesar de que la dirección innata de la humanidad es la evolución, hay tradiciones que se mantienen inamovibles con el paso de los años. Su fuerza no radica en la frecuencia con que la gente las practique sino en que compartan las ideas o creencias que las originaron o se respeten como propias.


Seguro que cualquier aficionado al fútbol sabe que quien mete tres goles en un mismo partido se lleva como recuerdo el balón o que al equipo que se proclama campeón se le recibe en el siguiente partido con un pasillo que conforman los jugadores de la plantilla rival. Son sólo dos ejemplos. En todos los deportes hay costumbres enraizadas. En Wimbledon, el torneo de tenis más antiguo del mundo, todos los jugadores visten de blanco; en las competiciones de automovilismo, desde 1966, el piloto más rápido celebra el triunfo con una lluvia de champagne emulando al suizo Jo Siffert quien recibió una botella de vino blanco espumante tras participar en las 24 Horas de Le Mans y fruto de la presión derramó todo el contenido; en baloncesto el que se lleva el trofeo tiene derecho a cortar la red de la canasta como recuerdo?

Pero si hay una disciplina donde las costumbres y tradiciones son sagradas es en el rugby donde se produce una curiosa paradoja. Siendo uno de los deportes más dinámicos y evolutivos en cuanto a reglamentación se refiere, es también uno de los más conservadores en cuando a sus valores y tradiciones "no regladas".


Dentro de estas llama poderosamente la atención la "haka" de los All Blacks, como se conoce a la selección de rugby de Nueva Zelanda, galardonada con el Premio Princesa de Asturias de los Deportes 2017. Tres veces campeona del mundo, las últimas dos en 2011 y 2015, la selección neozelandesa presume de un "altísimo porcentaje de victorias, que la sitúa entre los equipos más exitosos de cualquier deporte", justificó el presidente del jurado, el ex atleta español Abel Antón. Sólo cinco equipos han derrotado a Nueva Zelanda en partidos oficiales desde su debut en 1903: Australia, Inglaterra, Francia, Sudáfrica y Gales. "Esta selección, además, está considerada un ejemplo de interacción racial y cultural, ha contribuido a la unidad de neozelandeses de diferente origen, simbolizado en la 'haka'", añadió Abel Antón tras desvelar el nombre del ganador de este año.


La "haka" es una danza maorí que realizan los All Blacks antes de sus encuentros. Forman frente a su rival y al unísono completan esta danza guerrera acompañada de un canto en lengua maorí que algunas tribus solían llevar a cabo antes de entrar en combate como desafío al enemigo al que estaban a punto de enfrentar o como danza de bienvenida y celebración. La "haka" fue representada por los All Blacks por primera vez en el año 1905 en una gira que les llevó por todo el mundo. Según la página web de la asociación de rugby neozelandesa, la "haka" oficial es la llamada 'Ka Mate' aunque desde agosto de 2005 escenifican una nueva versión llamada 'Kapa O Pango'.

Más de un siglo después la "haka" es la seña de identidad de este equipo de leyenda que en unas semanas tendremos la inmensa fortuna de ver en Asturias.










Ramiro Fernández Alonso
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viernes, 1 de septiembre de 2017

Cómo hemos cambiado. 14 años del último derbi, la transformación de la imagen de los futbolistas



Sporting y Oviedo volverán a enfrentarse el próximo 10 de septiembre. Han pasado más de 14 años desde el último derbi asturiano cuando la imagen de los futbolistas era bien diferente a la de ahora.


El 22 de junio de 2003 mientras el Real Madrid presidido por Florentino Pérez festejaba un nuevo título de Liga, el Real Oviedo certificaba su descenso a Segunda B. Fue precisamente aquel año, concretamente el 18 de mayo en el Carlos Tartiere, la última vez que se disputó un derbi asturiano. Entonces ganaron los azules por dos goles a uno. Ahora, casi tres lustros después, Sporting y Oviedo volverán a verse las caras. Será el próximo 10 de septiembre en El Molinón.


Mucho han cambiado las modas, costumbres y estilos desde aquel año. Coincidiendo con el cambio de siglo el fútbol se convirtió en la gran industria del ocio mundial. En la temporada 2002-2003 el Oviedo de Manuel Lafuente manejaba un presupuesto de 7,8 millones de euros mientras que el de sus vecinos de Gijón, con Juan Pérez Arango al frente, ascendía a 9. Eran otros tiempos aunque el fútbol ya empezaba a navegar en un océano de billetes. Sobre el terreno de juego se midieron Amieva y Geni, entre otros por el conjunto azul, contra Samuel y un ya prometedor y jovencísimo David Villa, la última gran perla de Mareo que ya destacaba en el once rojiblanco. En aquellas plantillas los futbolistas apenas lucían tatuajes ni piercings. Fue paulatinamente a partir de esa época cuando los jóvenes deportistas pasaron a convertirse también en atletas, modelos e imagen de marcas multinacionales.


Cortes de pelo y peinados, barbas y afeitados, tatuajes y vestimenta evidencian cuánto ha evolucionado la imagen personal, esa que tanto mimaba el inglés David Beckham, el fichaje mediático del Real Madrid aquel verano y el primero en demostrar que el futbolista de élite no sólo vive de meter goles o participar en mundiales sino también de explotar su imagen fuera de un estadio. A esa transformación sin freno han contribuido, en gran media, el progreso tecnológico y la globalización mundial. Un estudio señala que en 2003 apenas el 27,4% de los españoles usaba Internet. Ahora gracias a Facebook, Twitter, Instagram o WhatsApp, las fotografías de las estrellas del fútbol ‘viajan’ de un lugar a otro del mundo en cuestión de segundos y ponen al alcance de todos ese espejo en el que mirarse y al cual tratar de imitar, especialmente la juventud.
  

Constantes cambios de cortes de cabello, peinados, trajes más o menos llamativos, ropa de sport, nuevos tatuajes, barbas, transparencias, color… Hoy el comportamiento estilístico de los futbolistas da lugar a artículos en periódicos o vídeos en programas de televisión. Basta fijarse en lo que se habla del pelo de Neymar, lo que se comenta del vestido de Dani Alves o lo que se fijan en los tatuajes de Sergio Ramos. Los futbolistas de ahora generan tendencias y su repercusión mediática va más allá del mero aspecto deportivo.


En 2003 eso aún no se vivía. El análisis de peinados y vestimenta quedaba alejado del mundo del fútbol. Se reservaba a otro tipo de escenarios, como el anuncio del compromiso del heredero de la Corona, el Príncipe Felipe, con la periodista ovetense Letizia Ortiz. Fueron aquellos años el comienzo de todo. Amieva, que tenía 27 años cuando disputó el recordado último derbi, lució casi siempre la misma imagen de media melena, peinándola con sus dedos. En el lado opuesto, el ‘guaje’ Villa que con 22 años iniciaba una meteórica y exitosa carrera deportiva acompañada de innumerables cambios en su estilo personal. Pelo engominado, más largo, más corto, perilla, barba, sombra o lunar indio, pendientes… Quizá estos dos ejemplos sirvan para marcar esa evolución radical que han experimentado los futbolistas en estos últimos 14 años, el tiempo que ha pasado desde aquel derbi.






Ramiro Fernández Alonso
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jueves, 20 de abril de 2017

Oviedo, todo cambios menos uno. El carácter hospitalario que la ciudad mantiene a pesar del paso del tiempo

Periódico La Nueva España, publicado el 10.04.2017


En los últimos días, tras recibir el galardón "Ovetense del Año 2016", han sido varios los clientes y amigos que me han preguntado sobre cómo ha cambiado la ciudad desde mi llegada, en el año 1965, hasta hoy. Es difícil resumir en una conversación de unos minutos, o en estas líneas, cuál es mi punto de vista al respecto y quizá por ello les respondí: ¡en todo! Sin embargo, en esos momentos de sosiego que busco a diario para reflexionar y dejar volar la inspiración supe que estaba equivocado. Hay algo que, a pesar del paso del tiempo, no ha cambiado en absoluto.

Llegué a la capital en 1965 para terminar el servicio militar obligatorio que había comenzado en el Centro de Instrucción de Reclutas del Ferral del Bernesga, en León, y previo paso fugaz por Intendencia en Valladolid a las órdenes del capitán don Germán Casares Vega. Mi primera impresión es que Oviedo era una ciudad eminentemente universitaria y comercial y que la programación cultural no hacía justicia al ambiente docto y señorial que emanaba en muchos rincones. Ópera, cine y fútbol los domingos. Poco más. Tenía la sensación de que los ovetenses seguían dormitando la siesta clariniana soñando con su pasado regio o estuvieran presionados por los tonos grises y negruzcos del hollín bélico que aún manchaba las fachadas.

De aquello sólo quedan recuerdos. Oviedo, en particular, y Asturias, en general, han experimentado una brillante transformación que comenzó en las últimas décadas del siglo pasado; inercia que se consolidó con el comienzo del nuevo milenio y que hoy sigue imparable a pesar de los frenos que algunos tratan de activar por intereses que no vienen al caso. Es como si del blanco y negro televisivo hubiéramos pasado al color cinematográfico, como si nos hubiéramos despertado de aquella siesta con un deseo de vivir ilusionante, activo y vibrante.

Oviedo puede presumir ahora de una oferta cultural plagada de actividades. El ruido del viejo tranvía desapareció por completo el 2 de septiembre de 1956, fecha en la que circuló por última vez, y no fue sustituido por el de los coches. Oviedo es una ciudad para los ciudadanos, para los peatones, para pasearla y disfrutarla, para contemplar las fachadas y ver en muchas de ellas el legado de la historia.


A esa transformación estética, cultural y vanguardista se sumaron infinidad de iniciativas impulsadas por vecinos de la ciudad que, entre todos, han hecho de Oviedo un lugar que atrae cada año a miles y miles de visitantes. Quizá, si hay que destacar alguna, esa sea la ceremonia de entrega de los ahora Premios "Princesa de Asturias". Unos galardones que convierten a Oviedo en la capital mundial de la cultura, de la ciencia, del arte, de la concordia, de las humanidades y de la libertad. Al menos durante unos días al año, Oviedo es el foco de atracción informativa y su imagen da la vuelta al mundo exportando los mejores valores humanos y sociales.


Oviedo es hoy una ciudad abierta, moderna y cosmopolita pero, como decía al principio, hay algo que no ha cambiado desde aquel 1965. La ciudad y sus ciudadanos, Oviedo y los ovetenses, siguen siendo igual de hospitalarios y acogedores. Cualquiera que llegue por vez primera se sentirá como en casa, arropado como si siempre hubiera estado aquí. Eso es algo que se mantiene con el paso del tiempo, como costumbre de generación en generación, como idiosincrasia del ADN de los ovetenses, como seña de identidad de unos vecinos que no olvidan su pasado pero que miran al futuro con la confianza de hacerlo en una tierra que evoluciona sin descanso y con un rumbo esperanzador.









Ramiro Fernández Alonso
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martes, 7 de marzo de 2017

La "IMAGEN" de un MÉDICO- La trascendencia de una imagen personal "adecuada" en un líder sanitario reconocido por paciente y sociedad



La profesión médica en la cúspide de la valoración social.
Es tradición, historia y actualidad que la profesión médica aparezca siempre en la cúspide de la pirámide de todos los estudios de valoración social. Este alto aprecio por la labor sanitaria se mantiene intacto incluso en las épocas de crisis económica y de valores humanos, por cuanto se considera inaplicable cualquier tipo de recortes en materia de Sanidad, junto con la Educación.

La salud siempre será lo que importa, más aún si otras esperanzas e ilusiones humanas se desvanecen. Cuando el gordo de la lotería mira para otro lado y merman los proyectos vitales siempre queda la confianza de que es posible el desarrollo personal si la salud acompaña.

Pero, si la salud es trascendental, ¿qué relación se puede establecer entre la Sanidad y la estética o belleza? Sencillamente:
¡La salud se tiene y la estética se muestra!, ¡se manifiesta!.

La “imagen del paciente para el paciente"
Los pacientes, generalmente legos en Medicina, “no realizan analíticas clínicas para relacionarse”, pero son capaces de aplicar sus propios cánones de análisis para poder afirmar si los amigos y familiares muestran "buen o mal aspecto" o presentan "cara saludable o enfermiza". Es ese rostro, esa imagen la que vincula la salud con la estética.

La apariencia externa permite comprender las posibles fluctuaciones del estado general físico y anímico de los demás y, por ende, adecuar las relaciones sociales.


La “imagen del médico para el paciente"
Este proceso se debe al simple hecho de que la salud no es un estado constante y fijo, sino una sucesión de altibajos que necesita a menudo de la intervención externa para restablecer el equilibrio físico. Por ello, en la relación con los profesionales de la Medicina "el paciente espera encontrar una imagen personal" que coincida con su concepción personal de la estética de la salud.

Todo doctor es un líder sanitario con reconocimiento previo por parte del enfermo.
Por consiguiente, necesita mostrar una imagen profesional y personal acorde con ese liderazgo, ya que, si a todo dirigente se le conmina poseer y mantener una apariencia de buena salud para ejercer su liderazgo, mucho más exigible lo debe ser para quien desempeña las funciones de atender y cuidar de la salud de los ciudadanos.


La necesidad afectiva del paciente
El avance de la medicina ha sido, es y seguirá siendo espectacular y esperanzador gracias a la comunicación y alta tecnología. Pero conlleva cierta deshumanización que choca frontalmente con la necesidad de relación afectiva que precisa el paciente para sobreponerse y mantener la confianza y el optimismo. Por lo tanto, una imagen personal y profesional adecuada de los equipos médicos puede contribuir a dulcificar las relaciones humanas en tan delicados procesos y permite superar la simple asepsia que siempre se presupone en toda actividad sanitaria.

Ofrecer una buena imagen personal no es ni un lujo, ni un capricho, sino una obligación para el desarrollo de las relaciones humanas.




Autores:
Ramiro Fernández Alonso (psicoesteta)
y David Calvo Temprano (Médico).

Publicado en coreradiologico.com